Donde una vez solo hubo acero, vigilancia y separación, ahora brota el color, la historia y el arte. En el Parque de la Amistad de Playas de Tijuana, un grupo de 11 artistas decidió transformar la cicatriz metálica de la frontera en un símbolo de unión con el mural titulado “Abrazo Mutuo”.
Al frente del proyecto está el muralista Alfredo Libre Gutiérrez, tijuanense de corazón, quien eligió —sin titubeos— pintar el mensaje más claro posible sobre el lugar más simbólicamente tenso: el muro fronterizo.
“La pieza habla del abrazo mutuo entre especies y entre seres humanos”, dice Alfredo, mientras el sol del Pacífico tiñe de oro las siluetas que ya toman forma sobre el metal oxidado.
El mural, de menos de 300 metros cuadrados, no es solo un despliegue de técnica. Es un acto de resistencia cultural, una celebración de lo que une al norte con el sur, más allá de las líneas imaginarias. El águila real, que representa la fuerza del norte, vuela hacia el cóndor, símbolo majestuoso del sur. En el medio, colores vibrantes, raíces compartidas y formas inspiradas en la cosmovisión Kumiai: los verdaderos guardianes de esta tierra.
“No hay mejor lugar que este para lanzar un mensaje de hermandad”, insiste Alfredo, mientras da una pincelada más, como si cada trazo fuera una sutura sobre una herida vieja.
La obra será presentada el próximo 19 de julio, justo al pie del muro que ha separado a familias y culturas durante décadas. Pero en esa franja, donde la vigilancia y la política suelen ser protagonistas, hoy es el arte quien toma el micrófono.
En colaboración con la fundación Amigos del Friendship Park —guardianes del parque binacional y defensores de la flora y fauna de la región— los artistas han concebido una obra que no busca borrar el muro, sino resignificarlo. Donde antes hubo rechazo, hoy se siembra identidad. Donde antes hubo miedo, hoy hay memoria.
“Es mi ciudad, Tijuana. No me costó mucho hacerlo. Lo hice con cariño”, dice Alfredo, y se nota. En cada pincelada hay infancia, raíces y comunidad. Hay norte y sur. Hay un muro que por fin, en lugar de dividir, empieza a abrazar.