Tijuana, B.C. — En una ciudad donde la ausencia duele tanto como la espera, este viernes se abrió un espacio para los que ya no tienen nombre ni abrazo. En medio del silencio de Valle Redondo, se inauguró el nuevo Centro Forense de Resguardo, una obra que no solo responde a una necesidad institucional, sino a un reclamo humano: el de dignificar a los cuerpos que nadie ha podido reclamar.
Ubicado en el panteón municipal #4, el centro forense es resultado de años de exigencia por parte de colectivos de búsqueda y familiares de personas desaparecidas. Construido sobre 4 hectáreas cedidas por el municipio, este lugar albergará —al final de su desarrollo— hasta 8 mil cuerpos. Hoy, en su primera etapa, se habilitaron 1,280 nichos, una sala de entrega digna, refrigeración especializada y medidas de seguridad que garantizan el respeto por los restos humanos.
“El nuevo centro representa un avance significativo en el trato a personas fallecidas no identificadas y da certeza a las familias que siguen esperando una respuesta”, expresó el alcalde Ismael Burgueño durante el acto inaugural, donde se congregaron autoridades de todos los niveles y representantes de colectivos, algunos con la esperanza entre las manos y otros con la rabia aún fresca por la falta de justicia.
Desde hace años, las instalaciones forenses del bulevar Fundadores han estado desbordadas. El calor, la saturación y la falta de espacios convirtieron a Tijuana en un punto crítico de la crisis forense del país. El magistrado Alejandro Isaac Fragozo López, presidente del Poder Judicial estatal, lo explicó sin rodeos: “Este centro permitirá liberar el colapso que vivimos, pero sobre todo, es una forma de reconocer la dignidad de quienes partieron sin nombre”.
Durante el evento, se hizo una demostración del protocolo de ingreso de cuerpos. Si en 15 días no son reclamados en el SEMEFO, la Fiscalía autoriza su traslado. Pasados 7 años, los restos se convierten en osamentas y son reubicados en una oseoteca, liberando el nicho para un nuevo ingreso. Es un ciclo que duele, pero que también permite seguir buscando.
Por ahora, comenzará el traslado de cuerpos desde la Universidad Nacional Rosario Castellanos. Y aunque se trata de cuerpos sin nombre, lo que se construye en este centro es también una respuesta para los vivos: para las madres que buscan, para los hijos que preguntan, para los hermanos que no descansan.
Porque en Tijuana, hasta la muerte tiene fila. Y este lugar, al menos, promete hacerlo con respeto.