Tijuana, B.C. — No hay silencio más profundo que el que se escucha dentro de una catedral cuando el corazón está lleno de gratitud, esperanza o dolor. Este lunes por la mañana, las bancas de la Catedral Metropolitana de Tijuana fueron testigos de cientos de promesas susurradas al oído del santo de las causas difíciles.
Los fieles católicos acudieron por última vez a venerar las reliquias de primer grado de San Judas Tadeo, que desde el pasado 6 de julio permanecieron en exposición para recibir las oraciones de un pueblo herido, pero con la fe intacta.
Entre las filas de creyentes se encontraba María Primavera, quien cargaba consigo un rosario entre las manos temblorosas. “Antes de pasar, me dieron muchas ganas de llorar”, confesó. “Cuando estuve frente a las reliquias sentí una paz tan grande que solo pude agradecer y pedir por mi familia”.
Figuras de cerámica, mantas bordadas, biblias gastadas y veladoras encendidas eran parte del paisaje en el recinto sagrado. Cada objeto, un símbolo de fe que alguna vez acompañó una plegaria en medio de la incertidumbre.
Karina Hernández llegó con su familia para saldar una deuda espiritual. Su sobrino había enfrentado una operación complicada de apendicitis, y el altar de San Judas fue su refugio. “Lo encomendamos a San Juditas, y aquí estamos pagando la manda”, compartió con los ojos enrojecidos por la emoción.
La visita de las reliquias concluyó este lunes. Las lágrimas se mezclaron con las sonrisas de quienes se acercaron no solo a pedir, sino también a agradecer. Las reliquias ya parten rumbo a Ensenada, pero lo vivido en Tijuana quedará tatuado en la memoria de quienes, al menos por unos días, sintieron que la fe tenía forma, aroma a incienso y un espacio para tocar lo sagrado.