Cinco años sin Liz: una hermana, una ciudad y una promesa que no se rompe

Tijuana, B.C. — El sol de julio cayó con fuerza sobre las calles de Tijuana, mientras los pasos de Karen Vega, familiares y miembros del colectivo Fuerzas Unidas Hasta Encontrarlos caminaban con un propósito firme: recordarle al mundo que Liz Puga sigue desaparecida, y que la esperanza, a pesar del tiempo, no se ha ido.

Cinco años han pasado desde aquel 5 de julio de 2020, cuando Elizabeth “Liz” Puga fue vista por última vez en la colonia Altabrisa, en Otay, luego de sobrevivir un atentado. Desde entonces, su rostro ha habitado los muros de la ciudad, los expedientes judiciales y, sobre todo, el corazón de su hermana Karen, quien se ha convertido en investigadora, vocera y sostén de una lucha que parece interminable.

“Han sido cinco años muy largos, muy pesados, muy cansados”, dijo Karen con voz firme pero quebrada. “Esto te deteriora mucho. Fractura tu núcleo familiar porque no tienes vida. Tienes que ser tú quien trabaje la carpeta porque tú eres quien está llevando la información para que se haga la investigación”.

Este 5 de julio, el punto de partida fue simbólico: las antiguas instalaciones de la Comisión de Búsqueda de Personas. Desde ahí, caminaron hacia la zona de Otay para colocar volantes con el rostro de Liz, una acción que mezcla la denuncia con el amor, la impotencia con el compromiso.

Durante el primer año, la carpeta de investigación apenas sumaba 32 hojas, muchas de ellas entregadas por la propia familia. Karen denunció que la administración anterior dejó escapar tiempo valioso. Fue necesario escalar el caso hasta la ONU, donde fue catalogado como una acción urgente.

Hoy, la exigencia vuelve a resonar. Karen recordó a la gobernadora Marina del Pilar su promesa de fortalecer las unidades de búsqueda: “No vemos ese respaldo en campo. No hay medidas mínimas de seguridad. Nos están dejando solas”, advirtió.

Colocar un volante es más que pegar una hoja: es mantener viva la presencia de quien falta. Es decirle al Estado que la deuda sigue. Y es, sobre todo, mirar al rostro de Liz en papel y prometer, una vez más, que el olvido no es opción.

“Voy a seguir hasta encontrarla. El tiempo que sea necesario”, susurra Karen. Y en su voz viaja el eco de todas las familias que no descansan mientras una sola hija, hermana o madre permanezca sin ser encontrada.

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