Tijuana, B.C. — A veces la muerte no llega en la esquina más oscura, ni en un sitio alejado. A veces golpea justo frente a la puerta donde una madre reza cada noche por el bienestar de su hijo.
Fueron los vecinos quienes escucharon los disparos y llamaron al número de emergencias. Policías municipales fueron los primeros en llegar y encontraron al hombre tendido sobre el pavimento. No se movía. Respiraba apenas.
Paramédicos de Servicios Prehospitalarios y de Cruz Roja, así como bomberos, intentaron devolverle la vida. Pero el daño era demasiado. Abraham fue declarado sin vida a unos pasos de la entrada de la casa donde una madre aguardaba respuestas.
En la escena se hallaron al menos dos casquillos calibre 9 milímetros. Testigos afirman que los agresores huyeron en un vehículo sedán color gris, desapareciendo entre las calles como si nunca hubieran estado allí. Ninguno fue detenido.
Las autoridades acordonaron la zona y agentes de la Fiscalía General del Estado iniciaron la recolección de evidencia. El crimen fue tan silencioso como certero, y tan cercano como doloroso.
No hay consuelo posible para una madre que presencia el eco de la violencia resonar justo donde alguna vez se escucharon los primeros pasos de su hijo. Abraham murió donde una vez aprendió a vivir. Y en ese rincón de la ciudad, el dolor se sentó a la puerta y no quiso irse.
Fotografías: Arturo Rosales.