Silencio quebrado en La Cacho: un disparo interrumpe la calma

La tarde caía sobre las calles tranquilas de la colonia La Cacho cuando un estruendo rompió el murmullo cotidiano. Un hombre, hasta entonces resguardado dentro de su vehículo Mazda blanco, quedó herido por un impacto de bala que lo sorprendió mientras permanecía estacionado entre las calles Dinamarca y Durango.

No hubo persecución. No hubo gritos. Solo el sonido seco de un disparo y el posterior eco del miedo. Minutos después, una unidad de la Policía Municipal llegaba al sitio, encontrando al hombre aún consciente, con la mirada extraviada y la camisa manchada por la sangre que brotaba de su herida.

Los paramédicos de la Cruz Roja hicieron lo suyo: lo estabilizaron en el lugar y lo trasladaron de inmediato a un hospital, donde ahora se debate entre el dolor físico y el peso de haber sido blanco de la violencia.

En una ciudad como Tijuana, donde la violencia parece haberse acostumbrado a habitar entre nosotros, la colonia La Cacho representa —o representaba— una burbuja de calma relativa. Sin embargo, hechos como este vuelven a recordarnos que ningún espacio está exento de esa tensión latente, ese sobresalto que se instala con cada sirena que se escucha a lo lejos.

Hasta el cierre de esta nota, no se reportan detenidos. Tampoco hay claridad sobre los motivos detrás del ataque. Pero lo que sí queda claro, una vez más, es que la violencia no distingue barrios ni ocupaciones. Solo aparece, golpea y se esfuma, dejando tras de sí una herida más en el tejido social tijuanense.

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