Tijuana, B.C. — Sobre el asfalto de la avenida Defensores de Baja California, en la colonia Libertad, un instante se volvió decisivo. Un camión de carga, repleto de bloques de cemento, descendía la pendiente cuando el conductor notó el fallo: los frenos no respondían.
Era jueves por la mañana. El tráfico, como siempre, se acumulaba frente al semáforo. Una fila de vehículos detenidos se extendía varios metros más adelante. La escena era clara y la ventana de reacción, mínima.
Con apenas segundos para actuar, el conductor giró el volante. En lugar de lanzarse hacia el embotellamiento —donde las consecuencias habrían sido fatales— tomó una decisión difícil, pero salvadora: dirigió la unidad hacia una palmera. El choque fue seco, abrupto. El metal venció a la corteza, pero detuvo el avance incontrolable del vehículo.
El estruendo alertó a los vecinos y detuvo la marcha de los autos. No hubo lesionados. Solo el camión herido, el tronco partido y la escena de lo que pudo ser, pero no fue.
Al lugar acudieron elementos de Tránsito de la Policía Municipal, quienes tomaron conocimiento del incidente y coordinaron el retiro del vehículo. No hubo víctimas, y eso lo cambió todo.
Porque a veces, el mayor acto de valentía ocurre en silencio, lejos de los reflectores, cuando un conductor cansado elige estrellarse… para no arrasar con otros.