Orgullo que no se borra: miles tiñen de amor y resistencia la Avenida Revolución

Tijuana, B.C. – La tarde del sábado, el asfalto de la Zona Centro no solo sostuvo pasos, sino convicciones. La edición número 30 de la Marcha del Orgullo LGBTTTIQ+ en Tijuana no fue solo una celebración: fue una declaración de existencia. Una marea de color y diversidad avanzó desde la calle Primera hasta el icónico arco de la avenida Revolución, en un trayecto donde 10 mil voces caminaron al ritmo del respeto, la identidad y el amor.

Fueron banderas que no ondeaban al viento, sino con el pecho. Carros alegóricos decorados como manifiestos vivos, burbujas flotando entre los edificios, música que lo abrazaba todo, y vestuarios que rompían los límites del arte y la expresión personal. Pero más allá de la alegría, la marcha transpiraba memoria, lucha y una certeza compartida: el orgullo no es moda, es resistencia.

En medio del júbilo, Jacqueline y Araceli, pareja y madres, caminaron tomadas de la mano. Es su segundo año participando, y lo hacen con un motivo claro:

“Queremos visibilizar que las familias no parentales existen, crían, aman y merecen el mismo respeto. Ahora que somos madres, más que nunca sabemos lo valioso que es alzar la voz”.

La suya es una voz que representa a muchas, y que no quiere ser silenciada.

“Luchen por lo que quieren. El amor no se clasifica. No se escondan. No bajen la voz, porque cuando se apaga una voz, se apagan miles”, compartieron con firmeza y dulzura.

En el escenario montado bajo el arco de la Revolución, Susy Barrales, directora de La Casita de Unión Trans, recordó por qué esta marcha sigue siendo necesaria:

“No se trata solo de celebrar, se trata de exigir libertad, empatía y justicia. De dejar claro que aquí estamos, y no vamos a retroceder.”

Treinta años después de la primera marcha del orgullo en la ciudad, lo que empezó como una manifestación tímida y vigilada hoy es una fiesta de identidad colectiva, donde el amor dejó de pedir permiso para ocupar las calles.

Porque en Tijuana, al menos por un día, el amor no tuvo closet, y la diversidad no pidió disculpas.

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