Tijuana, B.C. — En una pequeña esquina de la colonia Buena Vista, una mesa cubierta de ropa usada no solo ofrece prendas; ofrece vida. Lidia Flores Ayala, madre de familia y comerciante improvisada, convierte cada venta en un paso más hacia la esperanza para su hija, Milca.
Milca Flores vive desde hace casi ocho años con insuficiencia renal. La enfermedad la sorprendió en la preparatoria, interrumpiendo sus estudios, su juventud y su cotidianidad. Desde entonces, necesita hemodiálisis constante para sobrevivir.
“Ha sido difícil, sobre todo emocionalmente, pero no importa… yo sé que tengo que trabajar y salir adelante. Ahí vamos, con el favor de Dios”, dice Lidia, mientras acomoda camisas sobre una lona que el viento intenta levantar.
Cada prenda que logra vender, cada bolsa de frituras o dulces que ofrece, se convierte en un pequeño triunfo. Las sesiones de hemodiálisis cuestan entre mil 200 y mil 500 pesos, una cantidad que para muchos puede parecer cotidiana, pero que para ella representa jornadas enteras de lucha.
Zapatos donados, camisetas usadas, pero también cariño, solidaridad y fe… Todo se suma en este esfuerzo silencioso que Lidia libra para mantener a su hija con vida. No busca lástima, solo oportunidad. Vender, juntar, curar.
En un país donde muchas batallas médicas se pelean sin red, la historia de Lidia es un recordatorio poderoso de cuánto puede una madre cuando el amor es su motor… y la esperanza, su mercancía más valiosa.