TIJUANA.– Warri fue encontrado dentro de un bote de basura. Delgado, con la mirada apagada y la esperanza por los suelos. Pero el destino le tenía preparado un segundo acto: Alfonso, primo de quien lo halló, decidió adoptarlo sin pensarlo dos veces. Hoy, Warri no solo es un perro rescatado, es su compañero de caminatas, su terapia contra el estrés y su recordatorio diario de que el amor más incondicional a veces viene en cuatro patas.
Cada 21 de julio, el Día Mundial del Perro nos invita a mirar más allá del pelaje suave y la cola que se agita. Nos llama a ver a estos animales como lo que realmente son: compañeros de vida. Con una lealtad incuestionable y una capacidad para sanar sin palabras, los perros se han ganado su lugar en nuestros hogares y corazones.
Cristal Silva también lo sabe. Hace siete años, Coco y Chanel llegaron a su vida por medio de su hermana, una rescatista de animales. Desde entonces, dice que todo cambió: “Te conocen tanto y te llegan a amar tanto que ni te imaginas”, afirma con una sonrisa que habla de vínculos invisibles, pero profundos.
Ambos dueños coinciden en algo: tener un perro no es solo recibir cariño, es asumir un compromiso. Cuidarlos, pasearlos, alimentarlos y esterilizarlos no es opcional, es parte del trato que firmamos —aunque sin tinta— cuando decidimos adoptarlos.
Y es que mientras miles de perros siguen siendo abandonados en las calles de México, historias como las de Warri, Coco y Chanel nos recuerdan que todos merecen una segunda oportunidad. Quizá, en ese proceso, también nosotros seamos rescatados.