El fuego no distingue si eres de base o contrato”: Bomberos de Tijuana alzan la voz por dignidad y justicia laboral

TIJUANA.– Bajo el techo del Palacio Municipal, el eco de las botas desgastadas de decenas de bomberos resonó más fuerte que cualquier sirena. No llegaron para combatir un incendio, sino para enfrentar una emergencia distinta: la precariedad laboral que los consume en silencio desde hace años.

Con el rostro firme y los ojos cansados de esperar promesas, cerca de 60 elementos del cuerpo de bomberos de Tijuana se manifestaron pacíficamente este martes dentro del edificio de gobierno. Lo hicieron en su día de descanso, con la misma convicción con la que suelen ingresar a una casa en llamas: por lealtad a su causa y a sus compañeros.

La protesta fue encabezada por Guillermo Aldrete Casarín, secretario general del Sindicato de Burócratas, quien denunció públicamente las condiciones críticas en las que operan más de 500 bomberos sindicalizados —tanto de base como supernumerarios—. “El fuego no distingue si eres de base o contrato; tú sales al servicio en cuerpo y alma por la ciudadanía”, pronunció, como si se tratara de un grito que llevaba años apagado por la indiferencia.

Una lucha con olor a humo y desgaste

Las demandas no son nuevas, pero sí urgentes: salarios justos, pago de horas extras y días festivos trabajados, entrega de uniformes —algunos no han recibido uno en más de una década— y la tan prometida basificación. Hoy, muchos de estos bomberos deben costear su propio equipo con gastos que superan los 10 mil pesos por persona, mientras siguen arriesgando su vida por una ciudad que les da la espalda cuando bajan del camión rojo.

“Queremos lo justo. Queremos dignidad”, exclamaron. Lo dijeron con el uniforme manchado, con los rostros marcados por el calor de años en el olvido institucional, con las manos que aún huelen a humo.

Más que un pliego petitorio, una declaración de humanidad

El pliego petitorio que entregaron no es solo una exigencia administrativa: es una declaración de principios, una defensa del derecho a trabajar sin miedo, sin carencias y sin tener que elegir entre su vocación y su supervivencia.

Detrás de cada casco agrietado hay una historia: la del bombero que perdió un dedo en un rescate y nunca fue indemnizado; la del padre que no vio crecer a su hija por turnos dobles mal pagados; la de la madre que también combate incendios, pero en casa, con el mismo equipo que ya no protege.

Un llamado urgente

Guillermo Aldrete reiteró que esta lucha no es solo por dinero. “Es por seguridad, por condiciones dignas y por justicia”, dijo. Y en esa frase caben todas las alarmas que la ciudad aún no escucha. Porque mientras Tijuana duerme, ellos siguen trabajando. Pero esta vez, también exigen ser vistos.

Los bomberos no pidieron héroes ni aplausos. Solo justicia.

Y en esta emergencia, no hay extinguidor que valga más que la voluntad de cambiar las cosas.

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