TIJUANA, B.C. — En el corazón de la ciudad, donde alguna vez el bullicio de turistas llenaba la avenida con acentos del norte, brota una nueva esperanza desde el subsuelo. Bajo las aceras desgatadas de la Avenida Revolución, obreros excavan no solo concreto: desentierran décadas de abandono.
La transformación está en marcha. De la calle 4ta a la 6ta, los trabajos de rehabilitación del drenaje, la red de agua potable y la pavimentación de una futura Plaza Cívica prometen convertir ese tramo de la vieja “Revu” en un espacio seguro, accesible y vivo. El proyecto, dirigido por la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana (CESPT), lleva hasta ahora más de 600 metros lineales de nuevas tuberías colocadas, y apunta a concluir en septiembre.
Pero esta obra no solo se mide en millones —22, para ser exactos— sino en pasos. En los pasos de quienes, como Andrea, han recorrido estas banquetas durante años esquivando baches, autos y sombras. “Me emociona pensar que ahora será para nosotros, para caminar sin miedo, para traer a mis hijos sin estar cuidando cada esquina”, dice mientras observa las máquinas remover lo que un día fue adoquín turístico.
La plaza proyectada será exclusivamente peatonal. Una plancha de cemento sustituirá el tráfico, y aunque algunos temen un colapso vial temporal, otros, como Mayra Castro, comerciante en la zona, ven una oportunidad: “Tijuana necesita lugares donde se camine y se viva, no solo donde se corra para cruzar sin ser atropellado”.
Los costos están distribuidos: cinco millones para drenaje, cinco más para agua potable y doce para la pavimentación final. Pero la inversión más significativa será invisible, subterránea: confianza, pertenencia, recuperación del espacio común.
Mientras las retroexcavadoras trabajan bajo el sol de julio, en esta arteria alguna vez símbolo del turismo decadente, la ciudad parece apostar por otra forma de desarrollo: una donde se construye para el peatón, donde se perfora el asfalto no solo para instalar tuberías, sino para sembrar comunidad.
Y aunque los funcionarios aseguran que la obra terminará en septiembre, los residentes saben que lo más difícil no es concluir una obra pública: es lograr que una ciudad se reconozca en sus espacios. Que se mire al espejo y diga, finalmente: esta calle también es mía.